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Archive for 28 mayo 2009

ADORACIÓN: ¿A QUIEN?

 dios

 

Apocalipsis 22: 1 – 9

 

http://www.biblegateway.com/passage/?search=apocalipsis%2022:1-9&version=61

 

 

“Y me dijo Adora a Dios”.

 

 

La Biblia llega a la última página. Podemos imaginarnos a Juan abrumado por todo lo que le ha sido revelado en su exilio y eso nos ayudara a admitir que podía cometer algún error. Eso es lo que le ocurrió; suele ocurrir en los momentos en los momentos especiales de la vida cuando queremos reconocer a aquellos que nos han hecho bien. Un ángel le había servido de guía en aquel magnifico recorrido. Juan sintió que tenía que hacer algo muy especial. Se echó al suelo ante aquel ser excepcional y quiso adorarle.

 

Entonces aparece la palabra clave: “Pero”. El ángel lo detuvo: “No lo hagas” y, después de aclararle quien era él, agregó: “¡Adora a Dios!” Oportuna y justa aclaración del consiervo como se designa a sí mismo, a Juan antes que cometiese el error.

 

Adorar es reconocer que estamos ante algo divino. Es lógico que solo Dios es divino y solo debemos adorarle a él. Término este que solo usamos referido a Dios.

 

Es bueno ser agradecido e incluso es nuestro deber reconocer a aquellos que nos ayudan a ver la gloria de Dios. Pero debemos tener cuidado de que nuestro respeto no se convierta en adoración.

 

Debemos evitar que los demás nos adoren. Es una tentación muy humana la de sentimos halagados. Debemos cumplir con lo que Dios nos indica y, si él así lo quiere, recibiremos la gratitud de aquellos a quienes hemos beneficiado.

 

Agradeceremos si llega esa bendición, pero alejaremos con amor la actitud de quienes nos den a nosotros el culto que solo se debe al Señor de señores.

 

 

“Dios nos creo para que le adoremos solo a Él”.

 

 

Escrito por: Arnoldo Canclini.

 

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NECESIDAD HUMANA

 

ElHijoProdigo

Lucas 15: 11 – 17

 

http://www.biblegateway.com/passage/?search=lucas%2015:11-17&version=61

 

 

“… pero nadie se las daba”.

 

 

 

Nadie le daba al hijo prodigo aquellas cáscaras que él ardientemente envidiaba a los cerdos que estaba cuidando. Él había dado al mundo todo lo que tenía; todo a manos llenas, sus bienes, sus energías, sus sonrisas, lo mejor de su juventud, sus afectos, y también su honor y su conciencia. Y ahora que se moría de hambre, ¡el mundo no le daba nada!

 

Pero antes, ¿le había dado algo el mundo? Posiblemente él le había pedido la felicidad, una felicidad exuberante, sin límites. ¿Y qué le había dado el mundo?  Nada más que la satisfacción rápida, violenta, de sus más bajos deseos, y en los momentos de repentino despertar, desengaño y cansancio. Le había pedido al mundo la felicidad, y el mundo le dio el placer, sobre todo el de los sentidos; el placer que deja al alma árida y presa de una sed cada día más fuerte. Y ahora quería satisfacerse con la cáscara que comían los cerdos. Aquellas cáscaras, aunque se las hubieran dado, no habrían podido saciarlo. Eran cortezas vacías, sin nada de sustancia; vacías… como los placeres que da el mundo.

 

Parece que teóricamente lo comprendiéramos, pero sin embargo seguimos en la tremenda contradicción de nuestra naturaleza que hace que, prácticamente, después de cada desilusión, sabiendo muy bien que el mundo no tiene respuestas adecuadas para nosotros, no volvemos a él, nos volvemos al pecado.

 

El hijo pródigo se volvió  a su padre y allí encontró las respuestas que necesitaba. Eso es lo que tenemos que hacer. No más concesiones al mundo, regresemos al Padre.

 

 

 

“Que Dios nos quite el amor a las cosas pasajeras”.

 

 

 

Escrito por: José Beltrami

 

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TENGO HAMBRE

 pan

Santiago 1: 2 – 11

 

http://www.biblegateway.com/passage/?search=santiago%201:2-11&version=61

 

 

“… Porque el que duda es semejante a la onda del mar…”

 

 

 

Tengo hambre, frase normal en un niño de tres años ante su mamá; su progenitora de inmediato le ofrece una de chocolate con una galleta, el niño la mira a los ojos y le dice: madre, ¿estás segura que este chocolate no me va a caer pesado?, ¿su grasa, no me va taponar las arterias?, ¿no me causar adicción al chocolate?, ¿no voy a sufrir de sobrepeso? La madre confundida, decide no darle este alimento. Me imagino, cuando en oración yo le digo a Dios: Señor, si lo que te pido me ha de apartar de ti, entonces, no me lo concedas.

 

Si a Dios le confirmo que no soy capaz con sus bendiciones, es difícil que Dios me las envíes. Poner condiciones a Dios, es dudar que el Señor nos capacita, la bendición de Dios no agrega carga, ni es causa de tribulación, su bendición es perfecta. Dios sabe qué es lo que necesitamos, no nos pondrá una carga mayor que la que podamos resistir, por lo tanto, las bendiciones de Dios son perfectas, y son eso, bendiciones y no cargas. Si el Señor nos la concede, es porque podemos con ellas, pídele a Dios sabiduría, para saber cómo administrar sus bendiciones, y poder compartir lo que Él, tan generosamente, nos da. Dar es mejor que recibir, dando es como recibo; al compartir lo que Dios me da, eso es agradable al Señor. Nunca des esperando recibir, simplemente da y jamás faltara la bendición en tu vida.

 

 

 

 

“Vive para bendecir con las bendiciones que Dios te da”.

 

 

 

Escrito por: Mario Gil G.

 

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LUGAR DE ADORACION

 

Templo

Juan 4: 1 – 26

 

http://www.biblegateway.com/passage/?search=Juan%204:%201-26&version=61

 

“Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu  y en verdad es necesario que le adoren”

 

 

 

Cuando mi hija tenía siete años, junto a otros niños, fue a almorzar con el presidente de la República. Para nosotros fue un acontecimiento. Llevó vestido nuevo y estaba realmente impecable. Tomamos fotografías y aún hoy recordamos haber estado en la casa presidencial como un hecho muy especial. Esto me hace pensar en la convocatoria que al menos tenemos un día en la semana en la Casa de Dios. Allí llegamos portando nuestra ofrenda de gratitud, y de alabanza. Queremos recibir su consuelo y escuchar su consejo. Pero también vamos a encontrarnos con personas que desean adorar al Señor.

 

El Señor Jesús le indicó a la mujer de Samaria donde encontrar a Dios. Ellos acostumbraban a ir al templo para adorar. La mujer tenia clara la existencia de Dios pero no sabia donde hallarlo. No imaginaba que estaba frente al Salvador. El Señor  se revela  a ella, y le dice algo más trascendente. Ahora los que quieran adorar a Dios no lo hacen ni aquí ni allá, sino lo harán en espíritu y en verdad. Por tanto, Dios no habita ni en tal lugar ni en el otro. Morara en aquel corazón sincero y abierto que anhele recibirle. El Apóstol Pablo dice que somos templo del Espíritu.

 

Cuando vamos a la casa de Dios, llevamos a Jesús en nuestro corazón, como cuando andamos por cualquier lugar. Pero el reunirnos es bueno y delicioso, como lo veía el Salmista. Su presencia es paz y gozo. Ella nos hace bendecir y ser bendecidos a la vez.

 

 

 

“No deje de congregarse, es una mala costumbre”.

 

 

 

Escrito por: Alicia Ituarte. 

 

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PALABRAS

 La palabra

 

Efesios 4: 25 – 32

http://www.biblegateway.com/passage/?search=efesios%204:25-32;&version=61;

 

 

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.

 

 

Los psicólogos recomiendan tratar a los hijos con palabras edificantes y agradables, incluso a la hora de reprenderlos. Lo cual es una buena recomendación y sin dudas que funciona. Esto tiene un principio bíblico, ya que somos hemos a la imagen de Dios, y no dio autoridad para enseñorearnos sobre el resto de la creación, esto hace suponer que también nos da poder en nuestra palabra; obviamente que es muy pequeño porque somos humanos, pero poder al fin. Aunque es poder sea mínimo debemos tenerlo en cuenta, porque con él, si pronunciamos deseos o palabras negativas estamos propiciando que se cumplan. Además de eso debemos considerar al prójimo como a nosotros mismos. E igualmente, debemos tener mucho cuidado con las palabras que usamos para expresarnos de nuestros semejantes porque todos somos especiales y únicos; cosa que no solamente lo podemos leer en la Biblia, sino también lo comprobamos al ver la estructura molecular del ADN, el componente principal del núcleo de la célula. Científicamente se ha demostrado que en sus infinitas combinaciones cada ser humano posee una estructura molecular exclusiva y única.

 

Debemos recordar ese poder cuando nos dirigimos a nuestros seres queridos. En todo tiempo debemos decirles palabras edificantes y de provecho para promover el buen crecimiento de ellos. Pero no es que vamos a “aplaudir” sus errores o aceptarlos sin corregirlos; no es eso, sino que cuando veamos sus fallas se las hagamos ver sin decirles “palabrotas” y enseñándolos para que lo hagan bien.

 

 

 

“Lo que decimos repercutirá en el que escucha sea bueno o malo”.

 

 

Escrito por: Hernán Díaz Castro.

 

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RECORDANDO AL POBRE

 pobre

Mateo 25: 31 – 46

http://www.biblegateway.com/passage/?search=mateo%2025:%2031-46;&version=61;

 

“… Cuando lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis”

 

 

Así lo aclara el pasaje de Mateo 25, donde Cristo se hizo pobre para compadecerse de los pobres “Dónde nació, murió y vivió”.

 

Lo que desea enseñarnos el Señor es que nosotros no vayamos a escarnecer al pobre, al enfermo, al preso, al forastero, es decir a todo aquel que tiene alguna necesidad en su vida; creyendo que somos mayores, superiores o mejores que el, por que entonces afrentamos a su hacedor.

 

Por el contrario, Dios quiere que nos identifiquemos con ellos, ayudándolos y bendiciéndolos, esta ayuda Dios la devuelve, pues es para Él  mismo.

 

Miremos que hay mucha gente que es pobre espiritualmente, que tiene hambre y sed de la palabra, a ellos también debemos bendecir.

 

Algunas personas se ocupan más en hacer tesoros en la tierra que en el cielo; otros, malgastan y desperdician lo que Dios les ha dado y andan quejándose de su vida. El tesoro espiritual de una persona, es mucho más importante que sus riquezas y bienes, pues nada hemos de llevarnos a la vida eterna. Hay otros que son pobres materialmente, pero ricos espiritualmente.

 

Bendecir al pobre y acordarse del pobre, con nuestros bienes espirituales y materiales, nos ayudara a tener tesoros en el cielo. Acordándonos que en cada una de estas personas está Cristo nuestro Señor, le encontraremos a Él,  el tesoro más valioso de todos.

 

“Bienaventurados los pobre de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.”

 

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.”

 

 

¿Y tú, qué tienes para dar al necesitado?

 

 

Escrito por: Pablo Emilio Gómez.

 

 

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CONFIANZA

 confianza

Hebreos 10: 26 – 39

http://www.biblegateway.com/passage/?search=hebreos%2010:26-39&version=61

 

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón”

 

 

La confianza en sí mismo destruye. Esto le pasó a Sansón, quien confío en su fuerza, mas no en quien le dio su fuerza, sufrió la consecuencia de ser derrotado y muerto por sus enemigos. La confianza en sí mismo exalta el trono del “yo”, destruyendo así a la persona. La autosuficiente lleva a perdición. Es un terrible error creerse suficiente para vivir esta vida sin Dios.

 

Así mismo como podemos caer en confiar en nosotros mismos, también caemos en confiar en el poder humano, lo cual no es bueno, bien sabemos que los seres humanos tenemos tendencia de hacer lo malo y de caer en fracasos, desilusión, desengaño e incluso traición; es por esto que la Biblia nos enseña que: “Es mejor confiar en Jehová que confiar en el hombre” (Salmos 118: 8 – 9).

 

¿En quien tiene que estar nuestra confianza entonces? En Dios, pues confiar en Él es una bendición y trae todo lo contrario de  confiar en el hombre, Él es perfecto en todos sus caminos y quien en Él cree y confía nunca será avergonzado, sino que por el contrario será dichoso.

 

Hay muchos que confían en Dios pero la respuesta no llega y  fácilmente pierden su confianza; ahora vemos que no hay que perderla porque tiene grande galardón. Por el contrario vemos que la confianza en Dios debe estar acompañada de paciencia, pues la impaciencia lleva a perderla; también debe estar acompañada de hacer su voluntad, tener fe y seguridad de lo que se va a recibir. Aprendamos a desarrollar la confianza encomendando, entregando los problemas a Dios.

 

 

 

“Confía en Dios mientras llega la bendición.”

 

 

 

Escrito por: Pablo Emilio Gómez.

 

 

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