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PALABRAS

 La palabra

 

Efesios 4: 25 – 32

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“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.

 

 

Los psicólogos recomiendan tratar a los hijos con palabras edificantes y agradables, incluso a la hora de reprenderlos. Lo cual es una buena recomendación y sin dudas que funciona. Esto tiene un principio bíblico, ya que somos hemos a la imagen de Dios, y no dio autoridad para enseñorearnos sobre el resto de la creación, esto hace suponer que también nos da poder en nuestra palabra; obviamente que es muy pequeño porque somos humanos, pero poder al fin. Aunque es poder sea mínimo debemos tenerlo en cuenta, porque con él, si pronunciamos deseos o palabras negativas estamos propiciando que se cumplan. Además de eso debemos considerar al prójimo como a nosotros mismos. E igualmente, debemos tener mucho cuidado con las palabras que usamos para expresarnos de nuestros semejantes porque todos somos especiales y únicos; cosa que no solamente lo podemos leer en la Biblia, sino también lo comprobamos al ver la estructura molecular del ADN, el componente principal del núcleo de la célula. Científicamente se ha demostrado que en sus infinitas combinaciones cada ser humano posee una estructura molecular exclusiva y única.

 

Debemos recordar ese poder cuando nos dirigimos a nuestros seres queridos. En todo tiempo debemos decirles palabras edificantes y de provecho para promover el buen crecimiento de ellos. Pero no es que vamos a “aplaudir” sus errores o aceptarlos sin corregirlos; no es eso, sino que cuando veamos sus fallas se las hagamos ver sin decirles “palabrotas” y enseñándolos para que lo hagan bien.

 

 

 

“Lo que decimos repercutirá en el que escucha sea bueno o malo”.

 

 

Escrito por: Hernán Díaz Castro.

 

RECORDANDO AL POBRE

 pobre

Mateo 25: 31 – 46

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“… Cuando lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis”

 

 

Así lo aclara el pasaje de Mateo 25, donde Cristo se hizo pobre para compadecerse de los pobres “Dónde nació, murió y vivió”.

 

Lo que desea enseñarnos el Señor es que nosotros no vayamos a escarnecer al pobre, al enfermo, al preso, al forastero, es decir a todo aquel que tiene alguna necesidad en su vida; creyendo que somos mayores, superiores o mejores que el, por que entonces afrentamos a su hacedor.

 

Por el contrario, Dios quiere que nos identifiquemos con ellos, ayudándolos y bendiciéndolos, esta ayuda Dios la devuelve, pues es para Él  mismo.

 

Miremos que hay mucha gente que es pobre espiritualmente, que tiene hambre y sed de la palabra, a ellos también debemos bendecir.

 

Algunas personas se ocupan más en hacer tesoros en la tierra que en el cielo; otros, malgastan y desperdician lo que Dios les ha dado y andan quejándose de su vida. El tesoro espiritual de una persona, es mucho más importante que sus riquezas y bienes, pues nada hemos de llevarnos a la vida eterna. Hay otros que son pobres materialmente, pero ricos espiritualmente.

 

Bendecir al pobre y acordarse del pobre, con nuestros bienes espirituales y materiales, nos ayudara a tener tesoros en el cielo. Acordándonos que en cada una de estas personas está Cristo nuestro Señor, le encontraremos a Él,  el tesoro más valioso de todos.

 

“Bienaventurados los pobre de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.”

 

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.”

 

 

¿Y tú, qué tienes para dar al necesitado?

 

 

Escrito por: Pablo Emilio Gómez.

 

 

CONFIANZA

 confianza

Hebreos 10: 26 – 39

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“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón”

 

 

La confianza en sí mismo destruye. Esto le pasó a Sansón, quien confío en su fuerza, mas no en quien le dio su fuerza, sufrió la consecuencia de ser derrotado y muerto por sus enemigos. La confianza en sí mismo exalta el trono del “yo”, destruyendo así a la persona. La autosuficiente lleva a perdición. Es un terrible error creerse suficiente para vivir esta vida sin Dios.

 

Así mismo como podemos caer en confiar en nosotros mismos, también caemos en confiar en el poder humano, lo cual no es bueno, bien sabemos que los seres humanos tenemos tendencia de hacer lo malo y de caer en fracasos, desilusión, desengaño e incluso traición; es por esto que la Biblia nos enseña que: “Es mejor confiar en Jehová que confiar en el hombre” (Salmos 118: 8 – 9).

 

¿En quien tiene que estar nuestra confianza entonces? En Dios, pues confiar en Él es una bendición y trae todo lo contrario de  confiar en el hombre, Él es perfecto en todos sus caminos y quien en Él cree y confía nunca será avergonzado, sino que por el contrario será dichoso.

 

Hay muchos que confían en Dios pero la respuesta no llega y  fácilmente pierden su confianza; ahora vemos que no hay que perderla porque tiene grande galardón. Por el contrario vemos que la confianza en Dios debe estar acompañada de paciencia, pues la impaciencia lleva a perderla; también debe estar acompañada de hacer su voluntad, tener fe y seguridad de lo que se va a recibir. Aprendamos a desarrollar la confianza encomendando, entregando los problemas a Dios.

 

 

 

“Confía en Dios mientras llega la bendición.”

 

 

 

Escrito por: Pablo Emilio Gómez.

 

 

NO IGNORES

 la salvacion

 

1 Tesalonicenses 4: 13 – 18

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“Para que no os entristezcáis como los otros.”

 

 

Era hora del funeral, el dolor de la joven mujer y su incontenible llanto contrastaba con la paz casi primaveral de los demás hijos; el difunto había sido un esposo amoroso, padre ejemplar, pero por sobretodo ello, un erudito pastor y maestro de su familia; la verdad del evangelio fue su canon de vida. Solo aquella hija, a quien en vida él llamó tiernamente “mi ovejita perdida” menospreció e ignoró la sabia enseñanza de su papá. No sin nostalgia la anciana viuda abrazó a su hija y le dijo: No pierdas la esperanza, si arrepentida en verdad estás, le veras sin duda, él no está aquí, ¡Vive con Jesús! La desesperanza ante la muerte del creyente que se ama, mayormente un pariente, es muy sombría y lamentablemente inevitable para quienes no conocen la obra, muerte y resurrección de Jesús; pero usted si es de la fe en Jesús, debiera saber lo dicho por Pablo: “Para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

 

Los Tesalonicenses, no habían oído que los que han partido a la presencia de Dios, salvos por su fe en la sangre del Cordero, vendrán con él en su regreso y podremos abrazarles y besarles, si es que para entonces vivimos; pues si hemos muerto, con Él vendremos. ¡No!, La muerte del creyente no significa dejar de existir; todo lo contrario es existir absoluta y plenamente en el Paraíso con Jesús, quien es amigo y hermano mayor de los hijos del altísimo. Cristo el Señor dijo: “No se turbe vuestro corazón… en la casa de mi padre muchas moradas hay…”

 

 

 

“Y así estaremos siempre con el Señor Jesús”.

 

 

 

Escrito por: Manuel Cendales.

 

DIOS NO MUERE

 dios

Salmo 145

 

“Generación a generación celebrara tus obras.”

 

Analizando la Historia del Cristianismo, y aún la actualidad, puede advertirse, el esfuerzo que hubo y hay, por decretar la “muerte de Dios”, y aun los “Creyentes”, con un pésimo testimonio, hemos alejados a muchos de la Fe Cristiana.

 

Durante la persecución romana (Siglos I y II), murieron innumerables mártires cristianos, pero no fue menor la gran mortandad a partir de la Reforma, donde ríos de sangre corrieron durante siglos de intolerancia entre católicos y protestantes.

 

También hubo intolerancia de parte de católicos y protestantes, respecto a otras creencias, lo que fortaleció los cada vez más crecientes grupos que recibían personas  de todos los credos religiosos sin mayores exigencias.

 

En Salmo 145:4 nos dice que, a pesar que los seres humanos sean creyentes o no, Dios no muere.

 

El escritor Graham Greene, en su novela “El Poder y la Gloria” crea la situación de una nación que entendió que era bueno aniquilar la fe cristiana, matando predicadores. La obra finaliza indicando que esto no lo logran pues siempre aparecen nuevos valientes ministros de Dios, desafiando la muerte, y predicando a Cristo. Son derribados algunos pero se levantan muchos más con mayor entusiasmo y dedicación.

 

Una señal de que Dios existe, para nuestro entorno, es tu vida cristiana y mi vida como seguidor de Cristo. O somos piedras de tropiezo, o somos instrumento de SU PAZ.

 

Una FE apagada, tímida e indiferente, proclama un dios muerto. ¿Es este tu caso? Despierta, y proclama con tu vida, con tu amor, que DIOS no murió. El vive en la vida de todo su pueblo.

 

 

“Dios vive y es vida que es anunciada por ti”

 

 

Escrito por: Marcel Legarra

FE Y CONSTANCIA

 oracion

Marcos 7: 24 – 30

 

“… una mujer cananea… clamaba… ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mi! Mi hija es gravemente atormentada”    Mateo 5:22

 

 

Cuántas madres han pasado, o están pasando por situaciones agobiantes con alguno de sus hijos; muchas tienen hijos rebeldes, que no se someten a la autoridad paterna, otras tienen hijos inmersos en los vicios, drogas o cometiendo delitos. Otras los tienen aquejados de diversas enfermedades. ¿Qué pueden hacer al respecto? ¿Cómo pueden darle solución al conflicto que están atravesando?

 

En la lectura Bíblica encontramos a una mujer griega y sirofenicia de nación, que al escuchar sobre la presencia de Jesús, no dudó ni por un momento, en ir a dónde Él se encontraba, y postrarse a sus pies. La razón de ello, era su hija enferma, agobiada por un demonio; y aunque Jesús en los primeros instantes no le prestó ninguna atención, esto no constituyó un motivo para desalentarse, se mantuvo firme en su petición “Señor, sana a mi hija”. La primera respuesta que Jesús le dio fue prácticamente un rotundo “NO”; aún  así la mujer no desistió, ni se desanimó, llena de fe, repitió nuevamente su petición. Jesús conmovido por la fe de ésta madre, le concedió lo que pedía, y sufija quedó sana.

 

Aquí encontramos la respuesta a nuestra interrogante, buscar al Señor de rodillas en oración, llenas de fe, humildad y constancia, rogando al Señor que tenga misericordia de nuestros hijos, y los salve tanto física como espiritualmente.

 

Hoy damos gracias a Dios por cada madre ejemplar, dedicada al Señor, que ha sido usada por Dios para  la restauración y salvación de sus hijos.

 

 

 

“Madre no desmayes, Dios es tu fortaleza y tu pronto auxilio en la tribulación”.

 

 

Escrito por: Elfriede de Jiménez. 

FAROS VIVIENTES

 faro

Mateo 5: 14 – 16

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“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras…”

 

El papel de los faros para la navegación fue siempre muy importante. Aunque hoy ya no resulten tan imprescindibles como antes, para un navegante desorientado rodeado de agua amenazante por todos lados, distinguir a la distancia las luces intermitentes que identifican un faro, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

 

Un autor sagrado se sintió casi ahogado por la acción de las “aguas” de este mundo y clamó: “Sálvame, Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma.” (Salmo 69:1)

 

La gran fuente de luz para orientar la vida humana, proviene de Dios: Él es la luz. Se manifestó por medio de su palabra que resulta ser “lámpara a mis pies… y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). Y encuentra su expresión máxima en Jesucristo porque “en Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Él declara luego que “él que me sigue… tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

 

En razón de esta declaración, Jesús pide que nuestra luz (nuestra vida) ilumine para que alguna manera haya orientación para quienes se encuentran todavía perdidos a merced de la bravías olas del mar de maldad de este mundo.

 

La orientación correcta para la vida de cada persona, se encuentra en Jesucristo. Quienes ya andamos en su luz tenemos el inmenso privilegio como la gran responsabilidad de proveer esta dirección al extraviado en la oscuridad de la vida.

 

La luz del faro de nuestra vida, alimentada por el Señor Jesús, lo hará posible.

 

 

 

“Seamos como las lámparas; quizás sin hablar, pero iluminando para siempre.”

 

 

Escrito por: David J. Corvino.